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SOBRE MÍ

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Hola, me llamo María, tengo 37 años  y quiero compartir contigo como la vida me ha ido encaminando a ser terapeuta, como a los 25 años me lo quitó y me lo dio todo con un mismo golpe sin yo ser consciente.

Yo soy la mayor de mis herman@s y desde muy pequeña, tuve que cuidar de ell@s. Eso hizo que asumiese prematuramente un rol adulto de cuidadora que me ha acompañado toda la vida. Como consecuencia no pude ser niña plenamente, maduré mucho y muy pronto.

Cuando acabé el instituto me metí en la carrera de Filología Hispánica, a la que siguió un Máster en Gestión y Cultura.

El segundo año de carrera empecé a hacer cursos de teatro, y por primera vez tras una infancia y adolescencia de tristeza y problemas, encontré algo que realmente me hacía feliz, era como una fuerza que no sabía que podía experimentar y la sensación de que sería capaz de luchar para continuar con el teatro ganarme el pan con ello.

Con esta motivación me matriculé en las pruebas de acceso para la Universidad de artes escénicas de Málaga. Las preparé, las pasé dejando huella en el comité que evaluaba y conseguí mi plaza para estudiar teatro.

¡¡¡Ya estaba dentro!! Iba a dar carpetazo a tantos años de problemas familiares para hacer mi vida, para vivir algo que me entusiasmaba, y después de tantas depresiones en mi montaña rusa emocional eso no era moco de pavo.

Pero el 16 de septiembre, tras un verano de dolores interminables, me fui a urgencias y ya no salí en 2 meses.

Diagnóstico: linfoma en estadio 4.

Yo tenía 25 años.

Dos meses ingresada  y casi no la cuento en más de una ocasión, dos veces en la UCI, derrames en los pulmones, corazón, y por consiguiente drenajes en uno y otro, tubos que entraban y salían de mi cuerpo (hasta en dos ocasiones) y me dejaban en cama sin moverme un par de semanas. Y el miedo a que la siguiente entrada en la UCI fuese la última.

En cuestión de días tuve que asimilar la pérdida de mi nueva vida, de mis proyectos, de mis ilusiones, de mi autonomía… y aceptar que estaba postrada en una cama, llena de tubos y que no sabía si llegaría a mañana o a la semana que viene.

¿Creéis que lo asimilé? Ni mucho menos. No transité ese duelo, no procesé bien mi enfermedad, ni trabajé mis emociones para drenar esa ansiedad por verme sin pelo ante el espejo, ese terror a cuál será la próxima prueba médica que me harán, ese vacío en el que me encontraba de repente: sin mis proyectos, sin el teatro, sin esa vida que iba a vivir con tantas ganas.

No conocía canales para expresar mis emociones, herramientas para entenderlas o para equilibrarlas, para entender por qué coño me había pasado a mí eso. Aún no sabía que era un chakra, un árbol transgeneracional, la biodescodificación, las Flores de Bach, apenas una meditación, ni ninguna herramienta de trabajo personal de las que fui aprendiendo después.

Cuando me dijeron que ya estaba curada tardé unos meses en darme cuenta de lo devastada que se había quedado mi vida con el cáncer. Las heridas empezaron a decir aquí estoy yo, y las nuevas se acumulaban sobre las antiguas… y así estuve varios años en depresión, porque no entendía nada de lo que me estaba pasando a nivel emocional y vivencial.

Así que comencé a explorar otros caminos de trabajo personal. Hice el primer nivel de reiki, primer contacto con canalizaciones energéticas. Lo volví a hacer en La Casa de Las Flores . Y parecía que pequeñas cosas dentro de mí se iban como recolocando y sentía alivio.

Hasta que el chamanismo y la física cuántica llegaron a mi vida y ahí hubo un antes y un después. Gracias a las consultas inicié un proceso de búsqueda interior de respuesta y de interpretación de las situaciones que se iban repitiendo en mi vida y no sabía el por qué.

Gracias al árbol transgeneracional, a la biodescodificación, a las constelaciones, los rituales….pude entender de dónde venía esa depresión y la fui desglosando en acontecimientos que me habían marcado y que había que ir sanando para avanzar. Y por supuesto uno de los más importantes fue el cáncer.

Tardé 10 años en encontrar y recorrer el camino para sanar aquello, y otras muchas cosas también, pero lo encontré y quise seguir, quise aprender a darle esa misma oportunidad a otras personas y comencé mi formación en chamanismo yeng que sigue y seguirá toda la vida porque nunca se deja de aprender.

Así, cuando me paré a pensar qué podía aportarle yo a otros recordé este proceso con el cáncer y pensé lo cojonudo que habría sido tener a alguien a mi lado acompañándome cuando estaba inmersa en el cáncer, para no sentirme sola con mi enfermedad, alguien con quien poder hablar de mi miedo a morirme, del terror que me daba la aguja con la que me tomaron la muestra de médula ósea, de la impresión de la primera vez que me vi sin pelo.

Habría sido totalmente diferente con  alguien que me hubiese ayudado a entender el proceso que llevaba a cuestas, a reconectar con mis ganas de vivir, con mis ilusiones, con mis proyectos, con las aficiones que antes me hacían feliz. Alguien que me hubiese acompañado a darle la vuelta a mi perspectiva donde todo es enfermedad y parece que no hay nada más en tu vida que médicos, quimio, vómitos… Que me hubiese acompañado a pasar de verla como una hija de puta, a verla como una experiencia que puede ayudarte a crecer como persona y a eliminar creencias y programas muy arraigados, y esto te va a permitir avanzar.

Así que me propuse compartir lo que ahora sé para acompañar a otras mujeres durante la enfermedad como a mí me habría gustado que me acompañasen.